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La U.C.R. fue expresión de profundas convicciones revolucionarias, que propuso llevar a la práctica, desde una postura principalmente ética, cambiando con el ejemplo los procedimientos habituales de la política, sin tener como único objetivo la ocupación de posiciones de gobiernos.

Nota del presidente del Movimiento (Fragmento)

Nota del presidente del Movimiento (Fragmento)

viernes, 21 de agosto de 2009

Cómo pienso - Por el presidente del MAY

Quiero con humildad, para quien le interese, dar a conocer algunos aspectos de mi pensamiento. Como integrante y militante de la Unión Cívica Radical y presidente del Movimiento de Afirmación Yrigoyenista he vivido inserto en la lucha que hoy nos convoca no sólo en lo interno del partido sino en el orden nacional y he trabajado sin claudicaciones por el éxito de los grandes temas de nuestra querida Nación: Defensa de la Democracia y la Paz, Promoción de la Integración Latinoamericana y Aspiración de un destino mejor para un pueblo que sigue caminando en la cornisa de la tragedia de todas las violencias y de todas las tristezas.
Mi idea madre es sentar al hombre de nuestra patria en la mesa de los hombres felices de la tierra. Surge de lo dicho, que la frustración nos sigue doliendo solidariamente. Sé que estamos muy lejos de la victoria y que son poderosas las fuerzas que se oponen a esta generosa aspiración.
Me sigue doliendo la intemperie, el analfabetismo, la violencia política, el colonialismo económico y la mirada lamentablemente triste de los niños con hambre de los marginamientos.
¡Pongámonos todos los radicales sin excepción en el alma, la voluntad de no seguir fracasando! ¡Tenemos el desafío de resistir ese fracaso! “La libertad de resistir es una de las libertades que nadie nos podrá quitar”.
Tal vez nos la puedan quitar con la muerte, pero como decía Solzyenitsin, “para defenderse a sí mismo debe estar uno preparado para morir”.
Hoy la Constitución Nacional se ha hecho suplente de Decretos y acuerdos políticos coyunturales y lo más doloroso es que parece no entenderse que sólo una participación de todos los sectores –políticos-sociales-agrarios-industriales, etc.- nos devolverá la unión de los argentinos que las mayorías reclaman generosamente.
Creo profundamente en la democracia. Un salario que no alcance ya no es Democracia. Debemos adherirnos todos los radicales a la elaboración de un ordenamiento nacional más justo que impida se marchiten las esperanzas de una Argentina que no quiere llegar a la Luna, pero sí que aspira a vivir en paz y sin hambre sobre la tierra.
Con respecto al Congreso Nacional debemos rechazar la imaginación corporativa de intereses que nieguen una fluida actividad parlamentaria. Habrá que actualizar aspectos de ello, pero nunca desconocer que sigue siendo el órgano esencial de la democracia. El Congreso es la libertad. Es insuperable en la defensa de los derechos humanos, en el dictado de una política exterior y muy especialmente en el control, por encima de intereses sectoriales, de los actos del Poder Ejecutivo, al que nunca deberá ceder su jerarquía en la elaboración de la Legislación.
El Congreso debe actuar en el corregimiento de la corrupción de cualquier administración aunque sea la del propio partido y debe sancionar intransigentemente a la demagogia, que es la deformación de la política, en la misma medida que el militarismo deforma la responsabilidad de las Fuerzas Armadas o el clericalismo a la actividad evangelizadora de la Iglesia.
Tampoco podemos echar toda la responsabilidad de nuestras frustraciones a la dirigencia de la UCR, o al Gobierno Nacional, o a una oposición que no termina de convencer, ni podemos enloquecernos en la protesta teórica con un muestrario de culpas en las que olvidemos las nuestras.
Seamos una afirmación no negociable de principios que impidan las deformaciones políticas. Yo creo en la política y valoro a los políticos por su vocación humana, pero no dejemos que nos arranquen el crédito de confianza que nos dan los pueblos. La vertiginosa historia de nuestro tiempo exige preservar la fe de los pueblos en nuestra capacidad de respuesta a su desafío.
Tengo derecho a creer en nuestros comunes errores.
En nuestro partido, las minorías mercantilizadas y los sectores que apoyan estos intereses, nos han frenado hasta hoy, pero no podrán frenar la presión histórica de la vocación democrática que heredamos de nuestros prohombres.
El radicalismo necesita hombres y mujeres militantes, que salgan de sus casas para acompañar un cambio de rumbo, ser una realidad convocante.
Los radicales descartamos la violencia por principios, el hombre violento, el homicida, el torturador físico y psicológico son fantasmas que deben desaparecer con políticas adecuadas. Debemos salvar al hombre de la coacción de otros hombres. La anarquía, la desesperación y el totalitarismo se dan la mano peligrosamente con la presión económica forjada de injusticias, para alentar una violencia que aparece como boomerang sirviendo a esas propias deformaciones.
Esta crítica a la violencia descalifica además un armamentismo por parte de ladrones y narcotraficantes que tenemos también que censurar. Salvemos a la Argentina de un mundo donde se producen más armas que alimentos. Hay en nuestra amada nación más armas para la muerte que útiles para la enseñanza y educación para la vida.
Perfeccionemos nuestro partido político para resolver estos desafíos, imaginemos un nuevo modelo político que compagine la libertad con el desarrollo, la seguridad, la educación y la salud pública. La desesperación, como decía Hesse puede producir los sentimientos más superiores o los más cobardes.
La UCR de Yrigoyen saludando al pabellón dominicano estando esa nación ocupada por extranjeros, está viva.
Nuestro movimiento, el MAY en el que todos confiamos, no tiene cansancio histórico ni está adscrito a ningún perezoso conformismo.
Acepto los errores y desviaciones de algunos radicales, tengo confianza de rescatar para la causa a los propios equivocados. El cristianismo no triunfó sólo por el martirio de sus hombres echados a las fieras, sino también por la conversión de Constantino.
A la UCR se la querrá destruir pero no podrán, resucitará siempre como los árboles talados del que quedan raíces o con la nueva vida de cada niño naciendo para destruir las tinieblas de la muerte.
La UCR está triunfante aún en el alma de los que la niegan y traicionan. Ser radical es como el dilema de Hamlet: Se es o no se es radical.
Por eso fracasan los que pretenden disfrazarlo.
Pienso que cuando en nuestra Patria unos argentinos no maten a otros argentinos, cuando unos argentinos construyan viviendas para otros argentinos, cuando unos argentinos pongan salud en el cuerpo de otros argentinos, cuando nacidos en nuestra tierra pongan libros baratos en manos de nuestros hermanos, todos juntos apareceremos triunfantes en el escenario de nuestras angustias de hoy, enarbolando victorias que pueden ser no para esta generación, pero que tendrá la virtud de sellar la paz y la libertad para todos los tiempos. Cuando esto llegue no nos tendrán miedo porque seamos una potencia nuclear, sino que seremos respetados porque alcanzaremos el supremo prestigio de ser potencia moral.